Una revisión al concepto de Planificación Social desde la Investigación Social de Segundo Orden

 

RESUMEN

Tradicionalmente, la planificación ha sido entendida como la determinación de un curso concreto de acción que se habrá de seguir. Con ella se fijan principios orientadores y se establecen secuencias de operaciones necesarias para alcanzar lo esperado, con ella se precisan tiempos, costos y financiamientos necesarios. De esta manera la planificación se relaciona con conceptos como eficiencia y eficacia, coordinación, precisión y control. Esto es la racionalización del futuro en base a un escenario actual, esto es la razón cerrada en la previsibilidad y la dirección (programa fisicalista y teleológico). Lo opuesto a la planificación es la estrategia; esta en cambio es una apuesta que incluye el riesgo y la incertidumbre, y parte de una decisión inicial para luego imaginar un número posible de escenarios modificables según la realización de la misma estrategia. Esto es la racionalidad abierta, esto es el pensamiento que incluye la reflexión sobre la incertidumbre y la irreversibilidad del tiempo.

En el texto por tanto se trata la relación existente entre razón y pensamiento, y se aplican estos conceptos a las tareas de planificación y programación. Se trabaja el tema desde la perspectiva de la cibernética de segundo orden o transdisciplinariedad (Ibañez, Morín, Pask) de tal manera que se habla implícitamente de bifurcaciones (Prigogini), autopoiesis (Maturana), modelación (Bateson), simulacro y verosimilitud (Baudrillard).

 

 

ALGUNAS REFLEXIONES EN TORNO A LA PLANIFICACIÓN

PROYECTAR EL FUTURO EN VEZ DE PADECERLO, O VIVIR EL PRESENTE ATENTO A LAS BIFURCACIONES

 

El orden que se fija en su estado actual firma su sentencia de muerte.

Jesús Ibañez

odemos suponer que el interés del hombre por conocer y dominar su futuro se remonta al comienzo de la misma humanidad. Desde tiempos ancestrales ha existido la preocupación por conocer de manera anticipada aquello a lo que nos deberemos enfrentar en los días por venir, para poder esquivar del destino los malos augurios, o bien, para tratar de tranquilizarnos con promesas y, de alguna manera, intentar disfrutar por adelantado lo que vendrá.

Esta motivación en el Homo sapiens esta dada por el deseo de controlar la forma en que se desenvolverán las actividades y acontecimientos de importancia, como pueden ser la organización social, la política, la economía y el mercado, los procesos eleccionarios, las "preferencias" de los consumidores, etc.. Podemos suponer que en un comienzo de la humanidad el hombre se valió de fenómenos naturales para "leer" su futuro inmediato, por ejemplo, relacionado con las actividades de caza. Las pinturas rupestres son prueba de esto. En las cuevas el hombre anticipaba, tal vez recordando experiencias pasadas, la buena caza dibujando ceremonialmente en las paredes la muerte de la presa. La existencia de los oráculos en la antigüedad es otro hecho que ejemplifica el deseo por controlar lo desconocido, lo inmanejable y temible. En ocasiones estos llegaban incluso a pronosticar la suerte de todo un país. En la actualidad nada de esto ha desaparecido; Mari del Carmen Siccardi en su artículo "¿Se puede predecir el futuro?" señala que

al hablar de pronósticos enseguida conjuramos imágenes de mujeres frente a bolas de cristal o métodos poco confiables como los horóscopos en diarios. ¿Quiere decir esto que el hombre moderno no necesita ni busca ya controlar el futuro a través del presente?. ¡NO!. La diferencia estriba en el tipo de oráculos que social y culturalmente se nos permite validar.

En esto estoy de acuerdo con Siccardi, pero me parece que se debe hacer una distinción entre predicción y pronóstico (o entre programa y estrategia); mientras que el primero de estos términos se refiere a una antelación del futuro, es decir, a como será efectivamente el futuro, el segundo término nos habla de posibles escenarios para el futuro. Hoy en día los oficios de adivinos y pitonisas han probado ser tan fascinantes como desacertados, en más de una ocasión, el encuentro con la realidad se ha traducido en la desilusión de vaticinios incumplidos. De tal manera creo que la idea de planear en la actualidad sigue respondiendo a la inquietud lógica de la humanidad por conocer su futuro, aunque hoy en día se trate de un enfoque más activo que la simple espera de lo predicho. En lo puntual, lo que se busca con la planeación no es tan sólo el diseño de escenarios, sino la forma de alterarlos y sacarles el mayor provecho. Con la planificación se trata y se cree, por tanto, que se está planeando el futuro en vez de padecerlo.

Planificar, sin duda, es una de las actividades características en el mundo contemporáneo, volviéndose cada vez más necesaria ante la creciente interdependencia y rapidez que se observa en el acontecer de los fenómenos económicos, políticos, sociales y tecnológicos. En ocasiones esto parece descifrar el enigma de la planeación no tanto para conocer hacia dónde vamos, sino más bien en saber dónde estamos.

Lo anterior ha hecho que tanto gobiernos como particulares destinen buena parte de sus energías y recursos a planear, lo cual ha ido desarrollando paralelamente una metodología cuya sofisticación ha crecido en complicación. No obstante, la planeación sigue siendo en esencia un ejercicio de sentido común, a través del cual se pretende entender, en primer término, los aspectos cruciales de una realidad presente, para después proyectarla, diseñando escenarios en los que se busca finalmente obtener el mayor provecho posible. De este modo, el diagnóstico se realiza con el fin de conocer las tendencias históricas de un fenómeno y diseñar las perspectivas futuras para el mismo. De ahí el carácter táctico de la planeación: no se trata sólo de prever un camino sobre el que habremos de transitar, sino que se busca anticipar su rumbo y, tal como se espera comúnmente, cambiar el destino a través de ella.

Metodológicamente, la planificación requiere que por cada objetivo se definan las acciones a realizar, se anticipen los problemas por resolver, se priorizen sus soluciones, se establezcan recursos y responsabilidades, y se diseñen medidas de seguimiento que permitan no sólo evaluar el avance, sino sobre todo volver a planear. Regularmente entonces la primera actividad de planificación se refiere a la creación de un banco de proyectos gestado como parte del diagnóstico. Esto corresponde a traducir los objetivos en tácticas específicas y aparentemente consistentes que representan acciones concretas para realizar. Sin embargo, los planes se debilitan, y debilitan la posibilidad de ejecutarse, cuando los bancos de proyectos no logran si siquiera ser lo que se espera, y se quedan siendo un catálogo de buenos deseos.

 

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RAZÓN Y PENSAMIENTO

La planificación requiere, según lo dicho, de exhaustividad y totalidad; establece, tal como veremos más adelante, un cierre de certezas en un medio controlado. Las exigencias de exhaustividad y totalidad se relacionan con el argumento y demostración, encaminándonos directamente a la razón, raciocinio o racionalización. Lo opuesto, es el pensamiento, éste se refiere más bien a todo lo relacionado con la consciencia, con el acto de imaginar. El pensamiento nos transporta a lo inconcluso, a la racionalidad.

En este sentido, cuando George Perec se interrogaba sobre la relación que existe entre razón y pensamiento concluía que no es por la vía de los diccionarios que se puede lograr precisar la relación o diferencia entre ambos términos, sino que por medio de los adjetivos con los cuales se pueden acompañar dichos términos. "Un pensamiento puede ser emocionado, profundo, trivial o libre; la razón también puede ser profunda, pero además social, pura, suprema, inversa, de Estado o del más fuerte". He aquí una importante diferencia entre estos dos términos.

La razón tiene el afán de incluir todo, encerrándonos en el poder puro con rostro de ideología, Ciencia o Estado. El pensamiento, sin esfuerzo, siempre olvida algo, dejando abierta la cosa misma que piensa. Y es libre porque su misma profundidad o superficialidad contiene el germen de la imaginación inagotable, pero por sobre todo es libre porque reconoce en su apertura la necesaria humildad que significa el pensar. Cualquier pensamiento es sólo un momento dentro de una posibilidad mayor imposible de contener en un único espacio y tiempo. Es una estrategia, pues todo se modifica y cambia. Pensar, es en este sentido reconocer lo inacabado.

Ya sea a través de la razón (programa, plan) o del pensamiento (estrategia) lo que se persigue finalmente es conocer, y conocer en nuestro mundo es nombrar y reunir lo que se quiere conocer. Sin la enumeración y clasificación el mundo carece de referencias. Al pensar o razonar no se hace más que clasificar y ordenar. La razón ordenará el mundo para cerrarlo, el pensamiento para dejarlo abierto a nuevos pensamientos y clasificaciones. En este sentido si razón y pensamiento se pueden diferenciar por medio de adjetivos, también se pueden volver a unir a través de la enumeración y clasificación. ¿Puedo pensar sin clasificar?, ¿cómo clasifico aquello que pienso?, ¿cómo pienso aquello que clasifico?; esto es un problema recursivo que no tiene solución lineal al igual que el del huevo y la gallina. Pensamiento y razón se articulan clasificando y ordenando al mundo por leyes "dos hemisferios, cinco continentes, masculino y femenino, animal y vegetal, singular plural, derecha izquierda, cuatro estaciones, cinco sentidos, cinco vocales, doce meses, veintinueve letras". Pensamiento y razón trazan mapas al asignarles nombres a las cosas que se desean informar. Pero esto "no funciona, nunca funcionó, nunca funcionará", ya que la relación entre la cosa que se desea informar y lo que se informa sobre ella es una transformación que exige una codificación, el mapa no es el territorio representado, ni el nombre la cosa nombrada. Lo cual obviamente no impide que continuemos durante mucho tiempo más clasificando a los insectos por el número de patas que poseen, o que establezcamos cuales son las tierras aptas y no aptas para un determinado cultivo, o que separemos a la población según su condición de actividad o no-actividad económica, o que planifiquemos el futuro según la situación actual, o que veamos el pasado desde la óptica del presente, o que asimilemos las microdiferencias a una identidad nacional. Todo esto y más lo seguiremos haciendo.

 

 

CONFESANDO LA PRECARIEDAD

CONFESIÓN

Según lo que vengo diciendo no será lo mismo la clasificación dentro del marco de la razón que la codificación dentro del marco del pensamiento, pues este incorpora elementos como el azar que hacen imposible hablar de verdades absolutas y realidades inamovibles. La ciencia tradicional, en tanto manifestación de la racionalización o razón, encierra la situación-proceso que se investiga en una caja rotulada como medio controlado. Esto lo hace el investigador-observador esperando, por ejemplo, comprobar una hipótesis sobre algo que él ha juzgado relevante. El medio controlado se diseña así en la planificación para excluir o anular cualquier inputs extraño y de esta manera mantener las condiciones constantes entre el presente y el futuro. De acuerdo a esta forma de hacer ciencia, el investigador-observador observa desde el exterior su experimento o acción usando su propio tiempo para registrar los posibles cambios. Si bien es cierto, es posible de distinguir la interacción entre el organismo y su medio, este último se circunscribe sólo al medio controlado, permitiéndose abrigar hipótesis causales del tipo x e y que determinan objetos u objetividades coherentemente caracterizados. La racionalización de la ciencia se ha guiado por una epistemología clásica, basada a su vez en una ciencia clásica monolineal. El medio controlado no sólo es una practica de las ciencias biológicas, sino también de las ciencias sociales, y es aquí donde queda manifiesto de mejor manera la violencia de la epistemología clásica, pues "coarta los procesos de comprensión de los procesos sociales y del propio ser humano que es a la vez objeto y sujeto de los mismos".

Conviene pues una confesión y un paréntesis que nos llevará de nuevo al tema. El confesar o confesarse nos remitirá, en tanto ejercicio habitual y requerido, a distintas instancias de nuestra cultura, entre ellas: la jurídica, médicas, psicoanalíticas, antropológicas, electoralistas, desarrollistas, etc.. Fue con el cristianismo con quien comenzó la auto-observación, auto-interpretación y la auto-hermeneútica que luego se trasladaron a distintas esferas culturales en busca de una supuesta verdad interior oculta dentro de cada uno. Así el esquema de la confesión en términos generales incluye el examen de consciencia para luego sacar al exterior lo que es parte del interior del sujeto (pecados, preferencias, ideas, relaciones imaginarias, opiniones, actitudes, etc.) y dárselo al confesor-investigador-médico-juez dentro del esquema de un "conocimiento, reconocimiento y comunicación" que exige conocer-se, reconocer-se y expresar-se desde el interior.

INTROSPECCIÓN: Debemos confesar que los mismos métodos de investigación basados en la epistemología clásica establecen relaciones de dominio entre el confesor-investigador-médico-juez y el confesado-investigado-paciente-juzgado que denota una pobreza de conocimiento, de análisis y de registro de lo social. Pobreza que nos habla del sujeto eliminado de la enunciación, así por ejemplo es común escuchar o leer en los diagnósticos e investigaciones "se sabe que ...", "las leyes muestran que...", "de acuerdo a las evidencias", etc.; la pobreza de conocimiento nos habla también de los sujetos eliminados al borrar las diferencias particulares (transformándolos en individuos, en masa). La poca o escasa producción de conocimiento se refiere más bien así a no fructificar, a ser estéril. Ser pobre no es carecer de bienes, sino carecer de frutos. Eso es ser pobre. La pobreza de análisis y de memoria actual aplicada a los procesos de planificación esta entre la posibilidad de dar fruto y el páramo, el programa es una higuera que no da frutos. La pobreza de análisis es la imposibilidad de generar conocimientos, es una suerte de control del conocimiento: es la memoria social clásica. La lucha contra la pobreza de análisis significa exiliar del quehacer científico social la no-producción orientada por la epistemología clásica y pasar a la cibernética de segundo orden.

La cibernética es la ciencia del control y la comunicación en el animal y la máquina. La cibernética clásica está libre de limitaciones epistémicas intrínsecas y por tanto logra postular objetividades como realidades absolutas, autosuficientes e independientes de la acción del sujeto epistémico. En cuanto a la comunicación, según este tipo de cibernética, esta transita como una substancia inmutable de un lado a otro según lo programado, debido a que ha sido sustraído el aspecto decisorio de la acción. Por el contrario, la cibernética de segundo orden, o no-clásica, se rige por los aspectos de control de decisiones que distinguen actos de producción y reproducción de decisiones. Esto último, significa producir información y control, así como emergencia de formas nuevas. Según esto el sistema ya no poseerá como objetivo el control, el nuevo metaobjetivo del sistema será otorgar posibilidades estratégicas de realización a nuevos sistemas de objetivos particulares. Ejemplo de esto es el descubrimiento realizado por Craig Reynolds en los Ángeles: se trata de los "boids" -proviene de bird objects- creados y modelados en computadora que presentan un comportamiento emergente.

La cibernética de segundo orden rompe con las posturas que desconectan el sujeto del objeto e inaugura una nueva epistemología, cuya expresión investigativa trata los sistemas que incluyen tanto lo objetivo como lo subjetivo. Es aquí cuando la ciencia deja de ser un intento por conocer y controlar el mundo desde una única posibilidad y hace desaparecer la vieja contradicción objeto/sujeto, surgiendo la omnijetividad que nos habla de unidad y complementariedad.

Con la cibernética de segundo orden se abre la dimensión ética del pensar antropológico, se abre la posibilidad de incorporar al sujeto de la enunciación. La epistemología clásica es opaca y pobre en autocomprensión del ser humano.

Si hablamos de certezas, la única certeza con la que estoy de acuerdo es con la certeza de la precariedad y de la insuficiencia del conocimiento clásico. Esta certeza, a diferencia de cualquier otra, no me evita la angustia que hace que vuelva al problema problematizándolo.

 

 

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DE LO PREVISIBLE A LO IMPREVISIBLE

ientras que la previsión estudia lo que puede hacerse: prevé las condiciones sobre las cuales deberá desarrollarse nuestra futura acción; la planificación fija con precisión lo que va a hacerse. La planificación consiste, por tanto, en fijar el curso concreto de acción que ha de seguirse, estableciendo los principios que habrán de orientarlo, la secuencia de operaciones para realizarlo y las determinaciones de tiempos y de números, necesarias para su realización. Es hacer que ocurran cosas que, de otro modo, no habrían ocurrido; equivale a trazar los planos para fijar dentro de ellos nuestra futura acción.

La planificación se relaciona a su vez con conceptos como eficiencia y eficacia (se buscan y esperan logros con bajos costos), coordinación (de las acciones para un mismo fin) y precisión-control (lo diagnosticado se ha ordenado de tal suerte que entrega las perspectivas futuras). Pero considerando lo dicho acerca de la epistemología no clásica, la planificación debería también relacionarse con el concepto de flexibilidad, es decir, con aquello que no siempre esta presente. Mientras los tres primeros conceptos hacen mención en general a lo previsible, determinado y controlado; la flexibilidad hace mención a lo imprevisible, al azar, a las circunstancias que surgen después de la previsión y que son imposibles de capturar. La flexibilidad es emergencia, es la cibernética de segundo orden. Estos conceptos son contradictorios entre sí. Inflexible es lo que no puede amoldarse a cambios accidentales, lo rígido, lo que no puede cambiarse de ninguna manera, la precisión, es el control. Es el programa. Flexible, en cambio es lo que tiene una orientación básica, y que por lo mismo permite adaptaciones. La cuestión es lograr unir control y flexibilidad en el metaconcepto programa (previsible)/estrategia (imprevisible).

Previsible viene de previsión (de pre-ver, ver anticipadamente), implica la idea de cierta anticipación de acontecimientos y situaciones futuras que la mente humana es capaz de realizar, y sin la cual sería imposible hacer planes. Por ello la previsión es base necesaria para la planeación. Para hacer previsiones es indispensable fijar los objetivos o fines que se persiguen; investigar los factores, positivos y negativos, que ayudan u obstaculizan de alguna manera la búsqueda de esos objetivos; y coordinar los distintos medios en diversos cursos alternativos de acción, de tal manera que nos permitan escoger entre "todos" uno o varios para que sean la base de nuestros planes.

Si la previsión responde a la pregunta ¿qué puede hacerse?, existe entonces el peligro de escoger el curso de acción que a priori se considera el más adecuado cuando tal vez no lo sea, llegándose a la falacia del único camino. Luego, surge ante el control y precisión una cuestión que no deja de tener importancia para quienes trabajan en temas relacionados con la planificación y el desarrollo, ¿es posible hacer previsiones válidas cuando entran en juego tan numerosos y complejos factores, y donde cada uno de estos puede manifestarse en grados y modalidades infinitas?. El holismo aparece como la bandera de quienes responden afirmativamente a esta pregunta; estos en base a la ley de causalidad y de finalidad logran prever lo que es físicamente infrustrable y moralmente válido. La previsión descansa en la certeza, que a su vez descansa en la probabilidad: cuanto más pueda apoyarse la previsión en experiencias pasadas, ya sean propias o ajenas, y cuanto más pueda aplicarse a dichas experiencias métodos estadísticos o cálculos de probabilidad, más certero será el futuro esperado.

Otro concepto relacionado directamente con la previsibilidad es el de dirección. Etimológicamente la palabra dirección viene del verbo dirigiere, el que se divide en el prefijo di (intensivo) y regere (regir, gobernar). Gobernar, deriva del sánscrito raj que indica preeminencia. Entonces dirección sería una acción que a priori se ejecuta, que guía y controla lo que se realizará y que exige una "fuerza externa" (una autoridad) para orientar la realización de lo planificado.

La previsibilidad y la dirección nos aseguran un mundo estable. No exigen ninguna innovación pues todo está desde antes predeterminado. El programa, fisicalista y teleológico, no obligará, por tanto, a estar vigilante, basta con aplicarlo en variatur en el tiempo. La estrategia, en cambio, es una apuesta que incluye el riesgo y la incertidumbre; y que a diferencia del programa parte de una decisión inicial, para luego imaginar un número de escenarios modificables según la realización de la misma estrategia. La visión estratégica se asocia a una descripción indeterminista e irreversible del tiempo, aquí futuro y pasado cumplen papeles distintos, "la introducción del caos nos obliga a generalizar la noción de ley de la naturaleza y a introducir en ella los conceptos de probabilidad e irreversibilidad". Un pequeño cambio en el sistema se amplifica, y lo que inicialmente se mantenía muy cercano se separa, originándose aspectos nuevos no considerados en la previsión: la principal característica de las bifurcaciones es la sensibilidad, el hecho que pequeñas variaciones en la naturaleza del sistema rompen con la simetría. Hoy debería pues interesarnos más bien aquello que no es necesariamente certero a nivel social, nos debería interesar aquello que incluye la flecha del tiempo de Prigogini y que no habla sólo de leyes, sino también de sucesos y de emergencia de lo nuevo, debería interesarnos la actividad creadora. Esto es la estrategia. Pasar del programa a la estrategia significa de este modo evitar tanto la previsión que reduce, como la disyunción a priori que disocia arbitrariamente algunos elementos del sistema.

El metaconcepto programa (previsible)/estrategia (imprevisible) busca la información al tiempo que lucha contra el azar sacándole ventaja. Lo imprevisible, sin embargo, a pesar de ser lo opuesto al control y precisión, no posee una carga negativa (no significa imposibilidad), sino que más bien nos hace estar atentos para actuar con prudencia y no dormirnos en la mecánica aparente de los determinismos e imágenes estáticas.

 

 

EL DIAGNÓSTICO

Tradicionalmente el diagnóstico trata de desplazamientos continuos y lineales, lo actual es resultado de lo precedente, y lo futuro de lo que acontece hoy. Nos conduce a una sobredeterminación del encadenamiento lineal sometiéndonos a una intuición totalitaria. Fija imágenes y cierra certidumbres. Sin embargo, tal como queda explícito en el estudio de las curvas sin tangentes, se debe examinar los procesos punto por punto. A pesar de ser continuos cada punto es un punto de fractura. Un punto "no indica nada del punto precedente ni del punto consecuente, no lo prolonga y no lo persigue en ningún sentido", la continuidad no es más que contigüidad. El diagnóstico en este sentido se trataría más bien de trazos intrazables, a-causales, y de curvas inderivables: lo infinitamente pequeño es infinitamente fracturado. La predicción no puede ser nunca absolutamente válida,

no sabemos suficientemente de qué manera el presente conducirá hacia el futuro. Jamás podremos decir: ¡Ah, mi percepción, mi registro de esa serie abarcará realmente sus componentes inmediatos y futuros!, ni tampoco: La próxima vez que me encuentre con estos fenómenos, podré predecir su decurso total.

Planificar es programar. Programar es prever sin vigilar. La programación crea certidumbres y estabilidades, reduce a través del control, imagina el futuro como el hoy. El diagnóstico para la planificación es una política de control para individuos ausentes. El diagnóstico para la planificación crea imágenes estáticas, verdaderas fotografías acerca de un momento tratadas como las situaciones mismas (visión naturalista). El programa busca la eficacia y eficiencia, coordina, precisa y controla a sus "objetos", crea un único camino. El programa guiado por el diagnóstico se reduce a la representación, luego no sólo será importante el diagnóstico para iniciar la programación, sino que el diagnóstico se transforma en el mismo programa.

El diagnóstico es narrativa. Se sirve del lenguaje para imponerle a otros historias y problemáticas que YO como investigador creo a través de la representación de los hechos (epistemología y memoria clásica). La homogeneización y descontextualización permiten especular sobre lo que se estudia. El programa es violencia, hace desaparecer a los sujetos como entidades que habitan un espacio y tiempo determinado.

Por su parte, la estrategia es descriptiva, no interpretativa. Describe los discursos como prácticas, es decir, la estrategia toma al discurso en el plano pragmático: un discurso, para Foucault, es algo más que una simple proposición, es una actualización de aquello que históricamente es posible actualizar, se trata de la conformación táctica de los deseos y de la emergencia del acontecimiento. La estrategia incorpora así no solo lo que ha sido dicho en una época determinada, sino -y por sobre todo- atiende a lo que permitió que algo fuera dicho (dando cuenta de por qué se excluyeron también otras cosas en el decir). La descripción no se refiere a la interrogación sobre lo que dijo en su discurso un sujeto, ni tampoco a la manera en que un objeto es representado en una época; la descripción se vincula con algo más que cruce de palabras y cosas, es la relación que el discurso mantiene con otras prácticas discursivas. De al manera, la estrategia como discurso no tiene relación con un sujeto todopoderoso y omnipresente, sino con el recorte que otras prácticas ofrecen al discurso (es la tangente a una curva), vinculándose con el ámbito de posibilidades y con el ámbito de transformaciones de las mismas (emergencias). Se describe para conocer los contornos y perfiles de la multiplicidad, para conocer lo no visible pero no oculto. La descripción permite entender que lo visible incluye una no-visibilidad como otro visible posible que construye la contextura (visible/no-visible).

 

 

EL SILENCIO

La memoria social clásica sabe u ordena cuando hablar y cuando no hacerlo. A propósito, Peter Burke señala en su libro Hablar y callar, funciones sociales del lenguaje a través de la historia, basándose en los estudios de Keith Basso sobre los apaches, que existen culturas en las cuales el silencio tiene una gran importancia, saber guardar silencio por ejemplo entre los apaches en determinadas ocasiones es tan importante como saber que decir en determinada situación. Hablar y callar en nuestras sociedades tienen, sin embargo, una valoración distinta y como practicas sociales están haciendo alusión a la presencia y ausencia respectivamente de sujetos. Los individuos hablan o callan en la sociedad de masas, no existe diferencia. Los sujetos solo callan, están ausentes. Los individuos simulados como ciudadanos en las investigaciones para la planificación hablan, callan. Hablan, cuando participan del verosímil de la sociedad, hablan a través de las encuestas, callan a través de la decisión política programática. Los sujetos ausentes callan, callan y callan. La cultura del silencio tiene pues un significado distinto en nuestra sociedad.

El silencio y la violencia validados hacen callar a los sujetos, haciéndolos permanecer en la ausencia. Temporalmente, la participación ciudadana occidental vista desde la racionalización (epistemología y memoria clásica) es la historia del silencio; espacialmente, la participación de ciudadanos (en un tiempo y espacio determinado) es el universo miniaturizado en una muestra-empírica con contenido simulado, es el verosímil.

 

 

 

PALABRAS FINALES (MODELACIÓN DE LA SITUACIÓN-PROCESO)

EL CRISTAL: En la construcción de modelos histórico-sociales no existen explicaciones en el sentido de las ciencias físicas, pues por estar cada sociedad más cercana al modelo del gas perfecto que al modelo del cristal se quedará siempre algo por describir. La no-determinación (que no es simple indeterminación o ignorancia) es creación, surgimiento de otras determinaciones. "Ningún estado del ser es tal que haga imposible el surgimiento de otras determinaciones que las ya existentes", al existir creación o surgimiento de otras determinaciones reaparece el tiempo que da cuenta de las bifurcaciones.

EL GAS PERFECTO: Un programa no logra dar cuenta de las emergencias pues es un modelo ya hecho. Las emergencias en los modelos sociales las constituyen principalmente los sujetos. ¿Cómo incorporar entonces a los sujetos?. Lamentablemente las investigaciones llamadas objetivas han abandonado a los sujetos para convertir lo estudiado en objeto de estudio, esto totalmente disociado de los sujetos. Por otro lado, la contraparte de esto a disociado a los sujetos de sus contextos, convirtiéndose los estudios en investigaciones metafísicas del sujeto. Es así como se viaja entre el saber que tiene forma de significación y el poder que tiene la forma de sentido. La significación, a diferencia del sentido, tendrá relación con la estructura y no envolverá el contexto. El sentido pertenece al sistema, siendo una operación connotativa que nos habla de sujetos en un contexto. Muchas investigaciones entonces transitan entre el objeto positivista y el sujeto metafísico de manera exclusiva e incompatible. En medio de estos dos extremos, y perdidos por la práctica positivista, se haya el poder con forma de sentido. ¿Cómo emergen los sujetos?, la relación sujeto-espacio-tiempo conforman un sistema donde el sujeto en un espacio y tiempo determinado existe como individualidad que se comunica con distintas diversidades (otras individualidades que son parte del contexto de sentido). Siendo la autoreferencia y el egocentrismo una característica de todos los seres vivos, el hombre no escapará de estas características: en la medida que se tenga mayor número de relaciones con el ecosistema (contexto/sentido), existirá una mayor autonomía para los sujetos. La búsqueda de sentido requiere, como condición, conocer el ecosistema. La autonomía, la individualidad y, por tanto, la incertidumbre se transforman de esta manera en las características del objeto-sujeto estudiado.

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Autor:
Francisco Ther Ríos

Mg. en Antropología Social
Departamento de Ciencias Sociales/Universidad de Los Lagos, Osorno