Comportamiento sexual de las mujeres pacientes del consultorio Los Cerros de la comuna de Talcahuano ante el comportamiento machista del hombre en el embarazo de éstas |
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| Introducción
Sea por motivos religiosos, políticos o culturales, el machismo se presenta como en una de las principales sociopatías que afectan la interacción social. En el plano estrictamente sexual, el machismo se ha patentado históricamente en instrumentos y comportamientos, que lejos de ensalzar el ego masculino, han desarrollado su accionar menguando la calidad del género femenino, reprimiéndole y exigiéndole pautas conductuales que mucho distan de imparcialidad y sindéresis. El cinturón de castidad, la ablación (circuncisión vaginal) y hasta el blanco vestido de bodas, son íconos de este accionar. La dinámica machista con sus exigencias, es así una manera de interpretar y entender la realidad, una manera en fin de cuentas, de dar sentido a las relaciones sociales, pero no sólo desde la perspectiva masculina, sino también de la femenina. Machismo no es entonces la simple superposición de un género sobre otro, antes bien, el machismo se nos presenta como una ideología. Esto es: como un prisma que le adjudica validez y verdad a los eventos. Como ideología (o metarrelato), el machismo parece resistirse a sucumbir, y aunque su accionar ha decrecido en taxatividad y dogmatismo en comparación con el período victoriano, su propuesta sigue causando estragos en la vida de las mujeres, estragos que también alcanzar ahora la vida de algunos hombres El presente estudio trata justamente una de estas paradojas: el accionar sexual de la pareja mediado por la actitud machista del hombre (quizás la paradoja de las paradojas), donde la directriz del estudio será establecer una posible relación entre el comportamiento machista y el embarazo. Lo que sigue en el transcurso de las páginas, son los resultados preliminares de dicha investigación, la que constituye el primer sondeo y aproximación al estudio del comportamiento sexual humano en la comuna de Talcahuano. Así, el primer capítulo muestra las generalidades metodológicas que enmarcaron el presente trabajo. En el segundo se dan a conocer las principales motivaciones que guían y determinan el comportamiento sexual de la muestra en referencia, así como los criterios de evaluación utilizados por las encuestadas para catalogar su accionar. En el tercero se analiza la interacción resultante entre la mujer y su pareja en la dinámica sexual, como la calificación que efectúa ésta respecto al accionar del hombre. En síntesis, éste capítulo trata de la visión proyectada por la pareja en la mujer. En el cuarto capítulo, se dan a conocer algunas pautas conductuales de la pareja en relación al acto sexual, para terminar con el quinto capítulo, donde se dilucidan algunas premisas a modo de conclusiones y se enuncian algunas sugerencias para abordar la problemática
Capítulo Primero: Generalidades Metodológicas 1.0 Objetivo General: El objetivo general del presente estudio, radica en llevar a cabo un análisis exploratorio y descriptivo del comportamiento sexual de las mujeres pacientes del consultorio Los Cerros de la comuna de Talcahuano (la elección del recinto fue de correspondencia aleatoria) 1.1 Objeto de Estudio: El objeto de estudio de esta investigación, gira en torno a esclarecer si es posible hablar de una influencia del comportamiento machista del hombre en el embarazo de la mujer. 1.2 Objetivos Específicos: Los objetivos específicos pueden ser sintetizados en los siguientes tópicos:
1.3 La Muestra La muestra de la siguiente investigación está conformada por cien mujeres de entre los 18 y los 50 años de edad, solteras y casadas, todas las cuales se cuentan como pacientes activas de la sección ginecológica del consultorio. Se eligió la sección gineco-obstetra del recinto, por ser esta la que trabaja directamente con mujeres, y poseer a la vez, información de la vida sexual de las usuarias. El criterio básico para la confección de la muestra, radica en que la mujer seleccionada debe tener por lo menos un hijo, o en sus efectos, encontrarse embarazada al momento de la investigación para pertenecer a ella. Esto nos asegura que la seleccionada es sexualmente activa, requisito indispensable para la inclusión en el estudio. 1.4 La Metodología La recolección de la información se realizó a través de la aplicación de una encuesta semi-estructurada mixta, la cual se entregó personalmente a cada seleccionada en la sala habilitada por el consultorio para tal efecto una vez que estas finalizaban su atención ginecológica. Esta instancia además, sirvió para explicar los por menores de la investigación a las pacientes. La encuesta aplicada constó de veintidós preguntas, dentro de las cuales:
Lo anterior nos muestra, que la metodología del presente estudio descriptivo es en general cuantitativa, aunque no se escatimó en destacar los aspectos cualitativos extraídos para completar así de mejor forma la información, especialmente, tras el valioso aporte entregado por algunas participantes que sobrepasó lo propuesto que contestaron más de lo que se les pidió. Con el enfoque cuantitativista lo que se busca en prioridad es contabilizar (traducir a cifras) la dinámica sexual de las encuestadas, más que intimar en cada caso particular. Así, los aportes cualitativos no son más que herramientas auxiliares del marco general La presente investigación se llevó a cabo dentro del período comprendido entre el 1 de Marzo y el 30 de Septiembre de 1999, finalizando su corrección el 27 de Septiembre del año 2000
Capítulo Segundo: Mujer y Sexualidad
2.0 Causas por las cuales las mujeres mantienen relaciones sexuales con su pareja. Tras analizar las respuestas vertidas en relación a la pregunta ¿Porqué hace el amor con su pareja?, (Ver cuadro N°1) se puede observar un desarrollo masivo (aunque no total), de una salud reproductiva en la muestra (51 encuestadas), esto es; una sexualidad donde la mujer deviene como sujeto poseedor de deseo sexual Esto nos habla en general, de un alto grado de sexualización en la muestra, que básicamente se traduce en la superposición del estadio de mujer por sobre el de madre como directriz ontogénica. Cuadro N°1. Distribución de la motivación sexual en la muestra.
Otro hecho de atención, es el alto número de mujeres que aseguran mantener relaciones sexuales por obligación u petición paretal. (42 encuestadas), lo cual es alarmante, sobretodo si topamos en que este accionar, es el segundo en preponderancia entre las justificaciones dadas para el acometimiento del acto sexual, sólo distante a 9 casos de la primera mayoría. El hecho que 5 mujeres hallan argumentado su accionar sexual a factores desconocidos para ellas mismas, podría ser atribuido a dos factores.
". . . Lo hago porque sí . . ." ". . . hago el amor con mi esposo porque que yo sepa, siempre ha sido y será así . . ." ". . . Lo hago porque así tiene que ser" Finalmente, se observa un alejamiento definitivo de la sexualidad reproductiva como norte de la intimidad. Los apenas 2 casos que sustentan ésta postura dan cuenta de ello. La declinación de ésta justificación se observa además en el hecho, que los dos casos detectados corresponden a mujeres mayores de treinta años de edad (43 y 45 respectivamente), en contraposición a los grupos más jóvenes que prescinden de ésta explicación. 2.1. La presencia del placer sexual femenino en la intimidad. Al analizar el cuadro N°2, lo primero que se observa es el alto porcentaje de encuestadas que "casi nunca" experimentan placer en los encuentros sexuales con su pareja (34 mujeres en total, cifra que además se alza como la más representativa), seguida de un contingente de 23 de ellas, que aseguran experimentar placer "pocas veces" una vez finalizado la cópula. También asombra el que 19 mujeres no sepan con exactitud si experimentan placer sexual en sus encuentros (inorgasmia). Todo lo anterior nos habla de que en general, existe una sexualidad negativa en la muestra, esto es; no placentera tras un enjuiciamiento general. Sólo 9 encuestadas aseguran sentir placer en cada relación sexual y 12 la mayoría de las veces, denotando así, una sexualidad positiva. Cuadro N°2. La frecuencia del placer sexual femenino en las relaciones sexuales parietales.
En base al cuadro anterior podemos desprender, que del total de 100 mujeres que conforman la muestra, 76 de ellas no experimentar placer sexual de manera periódica en sus encuentros sexuales. En contraposición a 24 encuestadas que invierten dicha relación (experimentan placer en la mayoría de los encuentros). Un criterio de clasificación para la dinámica anterior, podrían ser los siguientes tipos ideales:
Consideración merece lo que hemos denominado como Inorgasmia, es decir; la falta o el desconocimiento del orgasmo por parte de la mujer, del cual se observan 19 casos. A través de la encuesta se pudo extraer, que la mayoría de las mujeres que aseguran no saber si experimentan placer en las relaciones, deben este hecho a no haber experimentado nunca un orgasmo en sus relaciones sexuales. En otros términos; su problema gira en torno a desconocer el orgasmo mismo. Es esta diferencia sustancial la que nos permite situar a la Inorgasmia como una disfunción diferente a la Anorgasmia y la Anhedonia Sexual. Tras una tipificación de las aseveraciones vertidas por las afectadas, pueden tomarse como motivos principales de la Inorgasmia.
2.2. La Autocatalogación sexual. Cuadro N°3. Autocatalogación sexual de la muestra
Lo que se desprende tras observar el cuadro precedente, es que existe poca diferencia entre las alternativas, donde la mayor parte de las encuestadas se consideran "malas" para hacer el amor (32 individuos), seguidas de 30 mujeres que se consideran "regularmente buenas"; 28 que se catalogan como "buenas" y 10 que se sitúan como "regularmente malas". Podríamos sintetizar los resultados obtenidos señalando lo siguiente
En general podemos decir, que 58 encuestadas se catalogan de manera positiva ante la interrogante propuesta, en contraposición a 52 de ellas que lo hacen de manera negativa, lo que arroja que en sí, la muestra se cataloga de buena manera. Cuadro N°4. Autocatalogación final de la muestra.
2.3 La manifestación del acto sexual Como lo muestra el cuadro N° 5, la mayoría de las encuestadas, esto es; 38 de ellas, argumentan que sus relaciones sexuales describen siempre de la misma forma y secuencia. Dentro de las razones expuestas para lo anterior encontramos los siguientes preceptos:
En preponderancia prosiguen las mujeres que argumentan mantener relaciones sexuales guiadas por los pareceres de su pareja, esto es: como él quiera (34), donde las principales causas vertidas para ello dicen relación con:
En tercer lugar con 16 casos, se ubica la alternativa que acusa la consumación sexual como práctica empática de las partes implicadas. Aquí, ante todo, subyace la idea que sea cual sea la dirección y dinámica sexual, la cópula surge como practica del acuerdo. Lo anterior es traducible a hechos como:
Por último, se ubican las 7 mujeres que aseguran hacer el amor como resulte en el momento mismo, aseveración que responde a dos núcleos centrales.
Cuadro N°5. La manifestación del acto sexual
Sobre la base de lo anterior podemos plantear
2.4 La comunicación parietal en el acto sexual Llama la atención observar en el cuadro N°6, el alto número de mujeres que no se atreven a comunicar sus deseos a sus parejas por temor el rechazo (59 casos), lo que necesariamente nos habla de una insatisfacción sexual producto de la represión moral. Que la mujer manifieste temor al rechazo genera un hecho importante a recalcar, cual es, él quiebre que suscita en su "Imagen Mariana", puesto que se acusa sexuada y demandante de satisfacción aún cuando no pueda manifestarlo abierta y cabalmente El que 27 mujeres traten de insinuar sus deseos a la pareja refuerza lo anterior Cuadro N° 6. Comunicación parietal
Lo anterior, además de mostrarnos una "represión excedente" deja de manifiesto la precaria comunicación existente entre las partes. Como ejemplos de esta disfunción son ilustrativos los siguientes dos testimonios: "Con mi esposo nunca hablamos de eso (O.C: La entrevistada en ninguna secuencia del diálogo profirió la palabra sexo. En una ocasión estuvo al límite de utilizarla pero se ruborizó y la omitió). A mí me da vergüenza hablar porque puede pensar mal de mí y hasta tratarme, con permiso de usted, de puta. Una vez le dije que me dolía un poco cuando lo hacíamos y él me quedó mirando con cara de enojado. El me dijo esa vez que así era la cuestión y que no se hablaba más. . . " "Una vez estando en pleno acto, yo le dije a mi pareja que me dijera que me quería y que me abrazara y él nada. . . Cuando terminamos, le pregunte si le gustaba tocarme y se enojó. De esa vez que no me toca y no quiere hablar acerca de asunto, dice que de eso nada. . . " A la falte de comunicación se agrega la negación del cuerpo Son interesantes los ejemplos que se citan a continuación al respecto: " Mi pareja me saca la mano siempre que le toco una determinada parte. Parece que solamente a él le gusta tocar." "Nunca me he desvestido delante de mí pareja. Me gustaría tanto hacerlo, pero sé que para él es un pecado y no lo aceptaría, lo tomaría por otro lado. Yo siempre he querido conversarlo pero no me atrevo."
Capítulo Tercero: Mujer y Pareja
3.0 La catalogación sexual de la pareja Uno de los primeros datos susceptibles de obtener del cuadro N°7, es el alto número de mujeres que están en disconformidad con la manera de hace el amor de su pareja (39 encuestadas). Es decir, atribuyen una calificación negativa a su proceder. Les siguen 24 mujeres que aseguran gustar a veces de la manera de proceder de su pareja, 17 que les gusta mucho, 14 que les gusta aunque puede mejorar su propuesta sexual y 6 que simplemente les gusta. Cuadro N°7 Catalogación sexual de la pareja
Si se arguye una tipificación de las respuestas, encontramos que estas responden básicamente a cuatro "núcleos centrales"
Cuadro N° 8. Tipificación valórica de las respuestas
De lo anterior se desprende, que existen 45 mujeres que no están conformes con el comportamiento sexual de su pareja, en contraposición a 55 de ellas que si se manifiestas conformes. Es decir, más de la mitad de las encuestadas cataloga positivamente el accionar de su pareja. 3.1. La actitud de la pareja frente a la imposibilidad coital El cuadro precedente nos muestra, como la gran mayoría de las parejas de la muestra (58 sujetos) se enfadan con la mujer ante la imposibilidad de llevar a cabo el acto sexual, seguidos de 20 individuos que adoptan una actitud de mal humor para con todo el mundo, hasta llegar a 3 sujetos que simplemente ante tal imposibilidad mantienen relaciones extra maritales. Sólo como número reducido y bastante poco representativo, aparecen 19 sujetos que adoptan una actitud comprensiva y no se muestran molestos ante dicha imposibilidad. Cuadro N° 9. Actitud de la pareja ante la imposibilidad coital
De lo anterior se obtiene que en total, 81 individuos adoptan una actitud negativa ante la imposibilidad de acometer el acto sexual, sea esta actitud contra la mujer o contra terceros (alternativas a y d) La alternativa que acusa la practica extra marital ante la imposibilidad aparece en último lugar. Lo que no quiere decir que deje de ser preocupante, sino más bien lo contrario, pues a nuestro modo de ver, encarna al grado máximo de la propuesta machista. Un hecho positivo, es que no figure la agresión ante la imposibilidad de intimar. 3.2. La infidelidad parietal Cuadro N°10. La dinámica de la infidelidad a nivel muestral
Si bien a primera vista la alternativa "e" (nunca le ha sido infiel), pereciese ser la más representativa de entre todas (34 mujeres), lo cierto es, que una vez sumadas todas las alternativas que acusar algún grado de infidelidad (alternativa: a, b, c) su preponderancia se diluye. En efecto, una vez sumadas las alternativas que dan cuenta del evento, obtenemos que más de 53 sujetos le han sido infieles a sus parejas en alguna oportunidad. Cifra que podría aumentar, si sumamos las 13 mujeres que agregan no saber a ciencia cierta el comportamiento de su pareja en éste tópico. En general, más de la mitad de las mujeres ha sufrido de infidelidad en algún pasar de su relación parietal, donde el grueso del comportamiento infiel de la pareja se reduce a una ocasión. Es considerable de igual modo, la cantidad de mujeres que en la actualidad son engañadas. Para forjarse una apreciación del grado e implicancias de la infidelidad en la muestra, me parece ilustrativo el siguiente testimonio "Yo ya estoy harta. No sé que hacer ( ) La otra (en referencia a la amante) me tiene toda tiritona. Si hasta me prometió cortarme la cara ( ) Lo que pasa que ella vive como a cuatro casas de la mía y siempre nos vemos y nos gritamos cuestiones. Antes no le tenía miedo, pero desde que me echó a unos primos le empecé a creer las amenazas."
"Hace tiempo que Ella anda con mi marido, si hasta tienen un niñito que cada vez que mi marido está en la casa lo manda a pedirle plata ( ) Como le digo, yo ya no sé que hacer. Yo me quiero separar y no verlo más, pero él no me deja. Dice que yo no puedo dejarlo porque tengo que atenderlo y tener limpia la casa. A la otra le compra de todo, si hasta refrigerador le tiene ( ) Ahora vengo a control y me gustaría que alguien me orientara, lo único que quiero es matarme. Anoche intente cortarme las venas, pero una vecina que tengo no me dejó ( ) Yo sé que esta mal lo que quise hacer, pero es que no doy más. Yo trabajo todo el día afuera de la casa y cuando llego tengo que soportar retos y combos de mi marido y de ella". 3.3 La pareja ante el cambio de la mujer La mayoría de las encuestadas, esto es; 48 de ellas, argumentan que a su pareja sólo le gusta que se arregle cuando sale con él. 30 atestiguaron que su pareja le permite hacerlo en cualquier momento y 22 mujeres que se lo autoriza sólo en ocasiones. Esto no muestra una actitud positiva de las parejas frente a los cambios de la mujer por mejorar su imagen, ya que pese a las cláusulas impuestas en ocasiones, se muestran favorables al cambio. Cuadro N° 11. ¿A su pareja le gusta que usted se arregle?
En base a confidencias de algunas encuestadas (32 en total), se pudo determinar:
Cabe hacer notar, que para los 32 casos anteriores, es el propio marido quien decide las prendas que llevará su esposa. En síntesis:
3.4. La pareja en relación con otras mujeres Como lo muestra el cuadro, la mayoría de las encuestadas aseguran ser tratadas de buena manera por su pareja en relación al trato que ésta brinda a otras mujeres (vecinas, hermanas, primas, etc.). Le siguen 34 mujeres que aseguran ser tratadas como cualquier otra. Y 30 que acusan un trato peyorativo. Algunas encuestadas (63 de ellas) enunciaron los siguientes actos como medida de comparación: Las que aseguran ser tratadas de mejor manera:
Las mujeres que aseguran ser tratadas igual que todas:
Las que argumentan ser tratadas de peor manera:
Cuadro N° 12. ¿Cómo la trata su pareja en relación a otras mujeres?
Si bien a nivel general se observa un buen trato ante la mujer, es preocupante la treintena de ellas que acusan lo contrario, básicamente, porque la distancia entre ambos segmentos no es lo suficientemente marcada (apenas 6 mujeres) como para dar cuenta de una resolución tajante. 3.5 La comparación parietal Al consultar a las encuestadas su opinión a cerca de quien creían mejor en el plano sexual (ella o su pareja), encontramos que las mujeres que consideran a su pareja peor que ellas (37 casos), es levemente superior y las que la sitúan como mejores (36). Tratando de indagar las fuentes de tal accionar, se llegó a conocer que existe un doble criterio para otorgar la supremacía a un componente de la pareja. Así, las mujeres que se consideran mejores que su pareja lo hacen en referencia a preceptos como:
Por su parte, las mujeres que se catalogan de peor manera que su pareja aducen a motivos como:
Con respecto a las otras alternativas, se observa una complementación entre ellas, una complementación que será positiva para la alternativa "d" (su pareja es igual de buena que ella), y una que será negativa para la alternativa "c" (la pareja es igual de malo que ella). Cuadro N° 13 ¿Si tuviese que compararse con su pareja en el plano sexual diría?
3.6 ¿Quién decide cuando hacer el amor Lo que inmediatamente se observa en el cuadro, es el alto grado de incidencia que tiene la pareja en la decisión de cuando intimar (67 encuestadas) en relación a las otras alternativas. Que la pareja decida cuando intimar no guarda relación con una mejor predisposición a la cópula. Esto se deduce al descubrir como lo muestran los siguientes testimonios- que dicha decisión puede fomentar los encuentros sexuales, como también menguarlos. " A mí me gustaría hacer más seguido el amor con mi esposo, ya que lo hacemos tarde mal y nunca, sólo cuando él quiere". "Yo muchas veces busco a mi esposo por las noches pero él no me infla. Yo siempre tengo que andar a sus paradas y él nunca a las mías. Esto me gustaría que cambiase en mi matrimonio para ser feliz" Lo anterior nos hace plantear dos tipos de decisiones. Una decisión negativa favorable a los encuentros sexuales y una negativa desfavorable a los mismos encuentros.
Que el hombre decida cuando intimar no guarda relación con que el que sea más activo o pasivo que la mujer en la cópula. (aunque no se descarta una posible relación directa) Cuadro N° 14 ¿Quién decide cuando hacer el amor?
Capítulo Cuarto:La Pareja
4.0 La dinámica sexual temporal En general se observa, que la mayoría de la muestra mantiene relaciones sexuales entre ocho veces al mes cifra más numerosa- y cuatro veces. Cantidades que se alzan como las más representativas, puesto que engloban al 73% del contingente total. Lo anterior nos lleva a plantear:
Cuadro N° 15. Dinámica sexual mensual de la muestra
En preponderancia de contingente, encontramos a 8 encuestadas que mantienen relaciones sexuales 3 veces por semana (12 veces por mes) y 8 que lo hacen una vez cada quince días aprox. (dos veces por mes) En seguida se ubican 5 mujeres que mantienen relaciones 5 veces por semana (20 veces por mes aprox.). Le siguen tres que entablar una relación sexual al mes y dos que no lo saben. 4.1 El lugar de acometimiento del acto sexual Se observa que el mayor número de mujeres (35 de ellas) aseguran consumar sus relaciones sexuales de noche en la cama, seguidas muy de cerca por 32 que lo hacen de noche en cualquier lugar. Ya más distantes aparecen 19 mujeres que lo hacen como la pareja quiera, 12 encuestadas que aseguran hacerlo a cualquier hora y en cualquier lugar. Finalmente se ubican 2 mujeres que apelan a hacerlo cuando se puede y donde se puede. Para dar cuenta del restante contingente de mujeres casadas que inclinaron por las otras alternativas (6 de ellas), podemos citar como factores:
Cuadro N° 16 Lugar donde preferentemente se acomete el acto sexual
4.2 La trifase sexual La trifase sexual en este caso de los hombres-, hace referencia al comportamiento que describen éstos: antes del acto sexual (insufase), durante él mismo acto (acofase) y una vez consumado el mismo (finifase) Primera fase o insufase: Se observa que la mayoría de los hombres nunca son cariñosos con su pareja en ésta fase, o lo son en raras ocasiones, o lo eran, o suelen serlo cuando se les pide. Lo que nos arroja un balance negativo de los sujetos en esta etapa. Se obtuvo que para la muestra esta negatividad implica ante todo:
En general podemos decir: que sólo 17 de 100 hombres son siempre cariñosos antes de hacer el amor Cuadro N° 17.¿Su pareja es cariñoso con usted antes de hacer el amor?
Segunda fase o acofase: Aún cuando en esta fase se observa una preponderancia del comportamiento negativo del hombre (alternativas a, b, c, e, f), cabe señalar que este accionar es en menor grado que en la etapa precedente. Esto gracias al aumento en el número de mujeres que se identifican con la alternativa "a" (el número de mujeres que aseguran que su pareja siempre es cariñoso aumenta de 17 para la primera etapa a 23 para la segunda) y a la disminución misma de la calificación negativa de la pareja (las alternativas que acusan a un hombre no cariñoso en todos los encuentros baja de 43 para la primera etapa a 39 para la segunda). En definitiva, se puede concluir que si bien, en ambas etapas reina una actitud negativa del hombre en lo referente a la manifestación del cariño, éste en sí se muestra más cariñoso mientras acomete el acto sexual que en su preámbulo. Lo anterior podría ser explicado en parte, por el éxtasis mismo que envuelve la ejecución del acto sexual. En base a esto, el hombre será más cariñoso (acariciará más a su pareja, la besará más, etc.) en la medida que la excitación lo vaya haciendo presa y se acerque el clímax En síntesis, el hombre podría ser más cariñoso en ésta etapa no tanto por mutua iniciativa, sino más bien, por el placer que se desprende de la cópula misma que lo incentivaría (porque el estar experimentando placer lo determinaría) Cuadro N° 18 ¿Su pareja es cariñoso con usted cuando hacen el amor?
Tercera fase o finifase: Es esta fase la que se presenta más crítica entre todas, debido principalmente, al escaso número de mujeres que brindan una calificación positiva a su pareja, en contraste el excesivo contingente de ellas que le asignan una negativa. Lo más preocupante de lo anterior, es el alto número de mujeres que aseguran su pareja nunca ha sido cariñoso con ellas una vez finalizada la cópula (cifra que alcanza cerca del 60% de la muestra), como las que argumentan que éste dejó de serlo (26%) Haciendo una especie de resumen podemos decir entonces, que donde el hombre se presenta más cariñoso con su pareja es en la segunda etapa (acometimiento del acto), mientras que por el contrario, donde se presenta mas descariñado es en la tercera (término de la cópula). Cuadro N° 19 ¿Su pareja es cariñoso con usted después de hacer el amor?
3.3 Las demandas sexuales de la pareja Se pudo extraer que del total de la muestra, 90 mujeres dicen ser (o haber sido) obligadas a tener relaciones sexuales. De estas; 14 argumentan que su pareja antes las obligaba, 37 que en alguna oportunidad lo hizo; 26 de ellas que en ciertas oportunidades lo hace, y 13 encuestadas que siempre son obligadas. Sólo 10 mujeres aseguran nunca haber sido obligadas a tener relaciones por parte de su pareja Cuadro N° 20 ¿Su pareja en alguna oportunidad la ha obligado a tener relaciones sexuales con él?
En general, las mujeres aseguran ser (o haber sido) obligadas bajo las siguientes condiciones:
La dinámica que exponen las cifras es alarmante, ya que la mayoría de las mujeres son obligadas a tener relaciones sexuales bajo condiciones que propician la agresión (embriaguez), o bien, después de consumada esta. Lo anterior plantea un alto índice de erotofobia en la muestra, la cual, tiende a esquivar los encuentros sexuales, o bien, a ejecutarlos inhibiéndose del acto mismo. Los testimonios precedentes ilustran bien este accionar: "A él ya no lo soporto, me da asco, hace cosas tan cochinas conmigo que no quiero que me toque ni me mire" "Lo que siento es miedo y asco de él ( ) por eso lo dejé" "Cuando me acaricia me dan asco sus manos, me da asco él, pero tengo que dejarme para que no me pegue. Lo que hago es mirar el techo y pensar en otra cosa hasta que se baja y se queda dormido" "Para que no me pegue tengo que dejarlo que me haga lo que quiera, sobretodo cuando llega curao ( ) Es tan cochino que da asco ( ) Cuando quiere hacerlo yo cierro los ojos y pienso en mis hijos". "Huele mal, me da asco, a veces llega todo vomitado y me hace hacer el amor así con él" Por su parte, al preguntar a las mismas encuestadas si en alguna oportunidad han (o fueron) obligadas por sus parejas a realizar actos sexuales que ellas no quisieran, 70 respondieron que sí, que habían sido obligadas, donde 30 lo fueron en una oportunidad, 6 lo son la mayor parte de los encuentros sexuales y 34 lo son siempre, esto es, en cada relación. Sólo 26 encuestadas aseguran nunca haber sido obligadas. Lo anterior arroja luz sobre un hecho preocupante, que 40 de 100 mujeres son obligadas en la actualidad a consumar actos sexuales que contradicen sus deseos Dentro de los actos enunciados por las mujeres a los cuales son (o fueron sometidas) figuran: Mujeres que fueron obligadas en una oportunidad:
Mujeres que son obligadas la mayor parte de las veces:
Las mujeres que son obligadas en todos los encuentros:
De lo anterior se desprende, que las relaciones anales conforman el grueso de los actos que las mujeres son obligadas a ejecutar, seguidas de la masturbación a la pareja y el sexo oral. Que las relaciones anales conformen la primera mayoría, acarrea graves riesgos para las mujeres, debido a los daños físicos susceptibles de derivarse de este tipo de contactos sin la debida preparación. A continuación se exponen diez testimonios que describen las situaciones a las cuales las afectadas fueron (o son) obligadas: "Mi pareja hace tiempo que me venía pidiendo tener relaciones anales, diciéndome que eran normales y que no me dolería. Yo por miedo nunca quise, pero un día llegó con trago y me obligó a hacerlo. Esa vez me dolió mucho, tanto, que tuve que ir al hospital, donde me dijeron que tenía desgarradas las paredes del ano". "Siempre me obliga a tocarle el pene y movérselo (masturbar). A veces estoy largo rato haciéndolo y cuando acaba se queda dormido. A mi no gusta hacerlo, me da asco, pero si no lo hago me pega con una correa que tiene". "Cada vez que ando con la regla mi marido me obliga a tener relaciones por atrás (anales). Esto no me gusta, porque me duela mucho, porque me raspa y siempre me deja irritado que después no me puedo ni sentar. A parte que es muy brusco". "Mi ex marido me obligaba a hacer cosas, y si yo no las hacía me pegaba, me apagaba los cigarros en la cara ( ) Gracias al Dios la pareja que tengo ahora me trata bien" "Hartas veces he tenido que dejar que me penetre por atrás. Varias veces también me mete los dedos. Yo no sé que hacer, me siento mal porque a mí no me gusta eso, pero si no lo hago me pega combos en la cabeza o me tira agua caliente" "Me obliga a tocarme y hacer como que bailo. Si no lo hago me pega patadas". "Me dice que le diga que me duele, que me lo haga con más fuerza, aún cuando no siento nada. Me tira el pelo y me hace chupones en los senos". "Tres veces tuve que dejar que me metiera los dedos por atrás mientras lo hacíamos, a mí no me gusta porque me duele" "Tengo que besarle el pene y tragarme lo que sale (semen), sino lo hago, me pega y me trata mal. A mí me da miedo, porque la última vez no quise hacérselo él me amenazó contarme una pierna con un corta cartón" "Casi siempre me obliga a meterme los dedos por la vagina y a tocarme los pechos mientras él me mira. También me dice que diga cochinadas y que grite mientras me lo hace. También tengo que aguantar que me meta los dedos por la vagina y después me los pase por la cara"
Capítulo Quinto: La dialéctica del machismo
Vimos a lo largo de las páginas antecedentes la manifestación de la sexualidad femenina en relación a la masculina. En esta línea pudimos observar las motivaciones, excepciones y disfunciones que detona la cópula parietal. Se dilucidaron de igual modo, los problemas y las implicancias que generan la falta de comunicación y de empatía en la pareja (inorgasmia, erotofobia), así como el alto grado de cosificación (activa y pasiva) que son víctimas las mujeres. Pues bien, en adelante nos ocupara otra tarea, cual es, la de unir esta información para dar respuesta a la interrogante que suscitó el presente estudio, interrogante que acusa, si es posible hablar de una influencia del machismo en el embarazo de la mujer. Para lo anterior, deberemos trabajar lo que hemos denominado las dos fases del machismo sexual, que hace alusión al replanteamiento del accionar sexual masculino en relación a su directriz secundaria. a) Primera fase o sexualidad público/privado: La primera fase o la sexualidad público/privado, será la sexualidad siguiendo a las corrientes feministas-, donde el hombre entabla como directriz secundaria el aprisionamiento de la mujer a través de la maternidad. En otros términos, esta fase del machismo sexual hace alusión al acto por el cual el hombre, sumado al hecho de entablar relaciones sexuales por el placer concomitante que le produce, lo haría para relegar a la mujer al ámbito de lo privado, esto es; al ámbito doméstico. Según esta línea entonces, el comportamiento machista se patentaría en querer asegurar a la esposa o pareja a través del embarazo. Lo anterior necesariamente topa con la división del trabajo social (Jelin, Rubin), ya que el hombre al ser el sustento del hogar, tomaría posesión de la mujer como un bien más dentro de su gama de bienes, con lo cual, ésta se transformaría en un artefacto de uso. El hombre al concebir a la mujer como un objeto, o en el mejor de los casos como una persona bajo su tutela y cuidado, buscaría asegurar su compañía a través de los hijos, buscaría "amarrarla", "marcarla" con sus genes, para estar más tranquilo de la relación y evitar sorpresas (infidelidad), o simplemente para ampliar su rango de libertad. En este sentido, será característica la petición de la prueba de amor por parte del hombre para asegurar la pertenencia de la mujer ( esto para el primer caso), mientras que la petición de tener un hijo será representativa del segundo. En este esquema, los hijos serían un medio regulador de la libertad femenina. Serían un medio de despersonalización. El machismo público/privado influirá de manera tal, que el embarazo permitirá asegurar el cariño de la esposa (de marcar su pertenencia a su dueño) o bien, limitar aún más su vida a la esfera de lo doméstico, para de este modo no alterar la libertad y el espacio del hombre. En el primer caso podríamos hablar de una mala técnica de preservación de la pareja (técnica debida ya sea al temor, los celos o la falta de otros medios, como la seducción y la conquista romántica para lograr el objetivo perseguido). En el segundo ejemplo de una estratagema maquiavélica. Cabe consignar, que si bien esta fase influenciante del machismo coexiste con la sexualidad inconvencional, se encuentra en gran medida despotencializada, no tanto por un vuelco en la manera de percibir a la mujer dentro de la relación misma (aporte que no se desconoce, especialmente en la población más joven), sino ante todo, por la utilización de métodos anticonceptivos que evitan el embarazo y vuelven trunca la relación (Con esto no se descartan otros factores)
b) Segunda fase o sexualidad placentera inconvencional La segunda fase en el machismo sexual es la que podemos denominar sexualidad placentera inconvencional, donde a diferencia de la fase antecedente, el machismo influye en menor medida en la concepción, debido principalmente al cambio experimentado en la moralidad sexual del hombre. El cambio en la moral sexual acarrea un replanteamiento de las pautas sexuales propias de la intimidad, con lo cual, el hombre desea experimentar nuevas formas de la cópula. Con esto va en busca de fuente alternativas de placer, que dan preponderancia a las zonas erógenas y prescinden del orgasmo tradicional (eyaculación vaginal), Con el cambio en la moralidad sexual el hombre instaura nuevas formas y métodos para alcanzar el clímax. En este sentido, el dejarse masturbar (u obligar a hacerlo), el coitus per anum, el fellatio, el sexo oral y el coitus interruptus abierto (entre otras actitudes) impedirán la eyaculación tradicional bajando los índices de embarazo. Esto, con o sin el beneplácito de la pareja Así, este cambio en la moralidad puede ser considerado positivo en su postura anticonceptiva, pero negativo en relación al aumento de la cosificación femenina y a la dinámica sexual parietal. El hombre ahora más que antes- al acrecentar su postura hedonista genera disfunciones en la relación parietal, siendo la más proterva de ellas, el no dar cumplimiento a las expectativas sexuales femeninas, patentando así, una impotencia que le cuesta su categoría de macho. El hombre tras dedicarse por largo tiempo a la autosatisfacción, hoy es incapaz de entablar una relación mutuamente gratificante. Su calidad de macho, de guía y activo en la relación sexual, le enseñó al hombre a confiar ciegamente en sí mismo (ayudado claro, por la pasividad femenina). El impuso el ritmo y el tiempo sexual en base a sus requerimientos y cayó en la falta de crítica para consigo, falta de crítica que lo tornó burdo en las caricias, inexperto en la seducción, impotente en su rol de dador de satisfacción y carente de introspección simpática (Mead) Lo anterior condujo al alzamiento de la reivindicación sexual de la mujer, quien hoy por hoy (influida por la corriente feminista, la teoría de género, la reorientación de la división del trabajo social, etc.) reclama la disfunción masculina y van tras la instauración definitiva de la salud reproductiva. En la actualidad la mujer pone en evidencia la debilidad del hombre, cual es, la sobre confianza en su inherencia (machismo) que hoy lo hace caer Las dos formas de la sexualidad machista a lo largo del tiempo detonan un hecho indeleble, cual es, que las mujeres ya no se sienten tales en brazos de sus parejas como lo deja ver el amor romántico y la imagen de la mujer en la fotonovela amorosa, sino que por el contrario, argumentan una insatisfacción sexual devenida producto del escaso placer que sienten en la cópula, la nimia experimentación de orgasmos, la efusiva eyaculación precoz del hombre, la falta de delicadeza en los encuentros por parte de éste y la imposibilidad de manifestar abiertamente sus deseos De esta manera, el espíritu machista termina rebajando el ímpetu masculino. El machismo engendra seres impotentes e incapaces de entablar una relación sexual mutuamente satisfactoria. Su afán hedonista le imposibilita cumplir su papel de amante. De esta manera, lo que antes enaltecía y superlativizaba al hombre hoy lo rebaja. He aquí la dialéctica del machismo. Entonces, en resumidas cuentas, podemos evidenciar una doble relación entre las variables machismo y embarazo. Una Relación directa: Donde el embarazo se ve influido por el comportamiento del hombre, debido principalmente al deseo de asegurar por parte de éste- a la mujer con la tenencia de hijos. A esto ayuda la escasa utilización de métodos anticonceptivos y una moral sexual tradicional (coito vaginal). Y Una Relación indirecta: (que es la dinámica observable en la muestra) donde el machismo influye indirectamente en la concepción, debido a que el hombre prescinde del coito vaginal en prioridad. A volver trunca esta relación ha ayudado de igual manera la utilización masiva de M.A.C, pero por sobre todo, el cambio observado en la moralidad sexual.. Así, a modo de conclusión, el machismo debe ser entendido como un medio oscilante de control de natalidad, que bien puede incentivar la tasa de embarazo, o por el contrario hacerla descender. Algunas recomendaciones tras lo abarcado
Como se pudo observar y desprender:
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