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| Las 23 ENSEÑANZAS |
Las siguientes son las 23 enseñanzas presentadas en el libro. ¡¡ Podrás leer algunas de ellas !!
La Esencia de la vida, Enseñanza N° 1
| LA ESENCIA DE LA VIDA , ENSEÑANZA N° 1 |
Füta Chaw, "el Gran Padre" o "Gran Poder" asoció y combinó todas las cosas; entetejió las cosas grandes con las cosas chicas.
Todas las criaturas vivientes y las plantas reciben su vida del gran sol. Si no fuera por el sol, habría oscuridad y nada podría crecer: la tierra estaría privada de vida. Pero el sol necesita la ayuda de la tierra. Si el sol fuese el único que actuara sobre plantas y animales, el calor sería tan grande que morirían; pero están las nubes, que traen la lluvia, y la acción conjunta del sol y la tierra provee de la humedad necesaria para la vida.
Tanto aquí bajo como allá arriba,
nada puede existir por su cuenta. Nadie puede rechazar la ayuda de otra
cosa que necesita, ni nadie negarse a lo que está arriba, o abajo
o al lado de ella, lo complete o auxilie. La naturaleza es un hogar donde
todos somos necesarios para todos, y nadie deja de tener un lugar, un trabajo
o un sentido que cumplir en el universo. ¿Qué pasaría
con la oveja si desapareciera el tordo que le quita la molestia de los
piojos? ¿Y dónde encontraría calor el piojo si le
falta el abrigo de la oveja? Pero hoy la gente olvidó esto de que
la combinación de lo grande con lo chico es la esencia de la vida.
De otro modo ¿cómo explicarse el que se deje morir el canto
del tordo, talando los canelos en flor y secándole el arroyo alimentador
de la fragancia del laurel, que a su vez es el imán de los nidos
del tordo y del chukao? Y si ya no vive más la antigua música
del kürew (tordo) ¿quién nos va a despiojar a nosotros
el alma?
| LA PROTECCIÓN DE LAS RAÍCES , ENSEÑANZA N° 2 |
Las raíces de la planta descienden y cuanto más abajo van, más humedad encuentran. Esto está acorde con las leyes de la naturaleza y es una de las evidencias de la sabiduría de Füta Chaw, el Gran Poder el Poder Supremo. Las plantas son enviadas por Füta Chaw, y surgen del suelo por mandato de él, de modo que las partes que han de ser tocadas por el sol y la lluvia aparecen por sobre el suelo, y las raíces pujan hacia abajo para hallar la humedad que les es proveída.
Tronco y ramas creciendo hacia el sol, raíces
y semillas pujando hacia la humedad. La planta, entonces, hace dos trabajos,
tiene dos tareas eternas: subir y profundizar al mismo tiempo. Por eso
los antiguos, a los árboles más grandes, a los lawales (alerces)
y pewenes (araucarias) los llamaban pelwenu, "gargantas", "pasadizos del
cielo": ellos comunican con los dos mundos, muestran lo que pasa arriba
y lo que pasa abajo. Antes había gente sabría que aprendía
a leer en sus cortezas lo que los poderes ocultos querían decirnos.
Y si las plantas jamás se quedan en la superficie, sino que crecen
hacia arriba y hacia abajo ¿qué queda entonces para nosotros
los hombres? Pues, hacer lo mismo que los árboles: crecer hacia
el sol, elevarnos hasta el Gran Poder que nos sembró aquí,
y profundizar hasta lo más hondo, buscando esa fértil humedad
de las raíces, que es la generosidad de nuestro espíritu.
Para un hombre, ver un árbol es un reto, un llamado. Sin árboles
nos quedaríamos sin mensajes.... y eso sería muy desgraciado
para los niños que tienen que aprender a ser hombres.
| ACORTAMIENTO DE LA INTELIGENCIA , ENSEÑANZA N° 12 |
En los primeros días, antes que llegaran los españoles blancos con sus máquinas, los animales probablemente ambulaban por vastas extensiones, hasta que encontraron su lugar apropiado. Un animal depende en gran medida de las condiciones naturales que lo rodean.
Si el nawell (el tigre) de la Patagonia existiera hoy aquí, pienso que sería diferente del nawell de esos tiempos, porque todas las condiciones naturales han cambiado. No encontraría el mismo alimento ni el mismo medio ambiente.
Por ejemplo, esos dientes de sable que tenía, serían cada vez más cortos, como los colmillos del trapial (puma), así como cada vez son cortos los cachitos del pudú (venadito), porque y no hay manchones tupidos con quila (bambues) que desenredar. Y como a nosotros los mapuches también nos estamos acostumbrando al teléfono, ya casi nadie usa la antena natural de las copas de los árboles para mandar un mensaje a la casa.
Como hoy hay televisión en los campos, ¿quién mira el vuelo de los treiles o el canto de los pidenes para saber las condiciones del clima de mañana? Como nos confiamos en el papel que nos dan en el Registro Civil, ya nadie mira las pisadas del achawall (gallo) sobre el rescolde del fogón para averiguar la edad a los ancianos que se van; menos contarles las arrugas en las patas de la kollonko (gallina de huevos azules) para saber cuanto años de vida nos van quedando. Y mejor ni hablar si quedan algunos superdotados que como antes hacían hablar la ropa del difunto para conocer sus últimos pensamientos..
¡Realmente, al cambiar el ambiente natural,
también se nos han cortado los cachitos de la inteligencia!.
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